Un cruce de caminos, un esquiador de permiso y un turista despistado. Un golpe seco y el extraterrestre muta sobre el asfalto. El lugar y la hora en que el campeón se dejó media pierna.
Dicen quienes lo conocen que esa aciaga tarde de agosto perdió el esquiador pero ganó la persona. Cuentan que ya no es el mismo. El otrora huraño, frío y hermético Hermann Maier siempre tiene ahora un momento para fotografiarse junto a sus fans y se lleva mejor con sus compañeros de equipo. Ahora incluso lo llaman "Hermi".
En su nueva condición de humano sufre para ganar pero las victorias saben mejor. Lo vimos en los mundiales de Bormio 2005, donde rompió a llorar arrodillado tras conquistar el título de GS, igual que en octubre pasado en la apertura de Soelden. Pero que nadie se despiste por sus 33 años porque ha avisado que piensa seguir hasta que lo echen.
Tras una travesía en el desierto de 18 meses, protagonizaba un retorno a la competición sólo comparable al de Lance Armstrong. Pocas semanas después de su vuelta a los stadiums ya vencía en el SG de Kitzbuehel, para ganar seguidamente una plata en los mundiales de St. Moritz de la misma disciplina. Al año siguiente asombraba aún más y se llevaba el globo de cristal (el cuarto) además de "su" copa de SG y un puñado de carreras de la copa del mundo. Y todo ante la impotencia del gran Eberharter, de quien volvía a ejercer de bestia negra. Esta temporada ha vuelto a demostrar su polivalencia siendo el único en vencer en tres disciplinas, y de Turin se lleva una plata y un bronce. No es mal botín para alquien que aspiraba a esquiar con cachava.
Aitor

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